Un San Jorge con un pincho flojo para matar dragones

Los San Jorge siempre me han llamado la atención, no sé el motivo, tal vez esa figura del “hombre” y su caballo, matando monstruos feos tendidos a su pies influya en mi interior sin yo saberlo. Es posible. Este San Jorge es de Brasil, rodeado de flores y un caballo que más parece de Picasso que de otro artista, con los dos ojos en el mismo lado de la cara. Por cierto, si se fijan la lanza con la que San Jorge logra vencer al dragón es floja y sencilla. O el dragón era muy blando o se doblaría. O claro, también es posible, el Santo tiene una fuerza divina que le ayuda a destruir el mal aunque sea con un pincho largo de cocina de los de hacer brochetas.

Si te cuelgas un mono del cuello, serás original

Las posibilidades de que las personas sobre salgamos en algo son infinitas. Incluso la hay que se cuelgan del cuello monos para así parecer más originales. Un mono o media docena de monos diferentes, todo vale para que te pregunten y te aconsejen de que así, con los monos están mucho más guapo. Es bisutería, podría ser joyeria, incluso podría tener un precio muy alto pues para sobresalir,nada como además ir de caro por la vida.

Robar ya no se llama robar, ahora es modificar objetivos

Lo de Vitaldent tiene delito. Obsérvese que deontología y odontología se escriben casi igual

En el ABC nos lo muestran de forma sencilla. La capacidad de hacer trampas es inmensa. De unos contra otros y de todos contra unos mismos. Debemos espabilarnos más, pues la capacidad de robar es tanta, que ya hemos logrado que no se llame robar.

Me fuí sin molestarte, pues no me querías a tu lado

Te pillé en un momento de descanso. Sé que no te gusto nada que me parara cerca de tí a contemplarte, pero menos todavía cuando me viste meter mano al bolsillo en busca de un aparato negro, que aunque pequeño te producía miedo. Sabía que los segundos cuentan y mucho, cualquier movimiento tuyo era para mi el temor de que al final no lo lograra. Pero te fiaste de mí, sí, abriste un momento la boca como para decirme que me diera prisa y yo te entendí enseguida. Me fuí de allí sin molestarte más, como debe ser, pues el lugar era tuyo.

Somos parásitos de nosotros mismos. Pero no lo digas, no seas provocador


Somos parásitos, lo curioso es que lo somos de nosotros mismos. Entramos en las entrañas y nos devoramos. Rompemos el entorno, nos odiamos para demostrar que somos fuertes, demonizamos a los que están cerca para que nos respeten a costa del miedo, y nos quedamos tan tranquilos, pensando que es lo único que debemos y sabemos hacer. Si no somos capaces de devorar nuestra entrañas no hay problemas, enseguida nos contagia un listo con sus pensamientos y es entonces cuando él, metido dentro de nosotros, nos devora mientras se apodera de nuestra forma de pensar.
Lo normal es pensar que no es para tanto, que es incluso mentira todo, que somos pesimistas. Pero unos se llevan los beneficios de nuestras tripas y otros tenemos que soportar los dolores de las digestiones pesadas de cada lunes, de cada viernes. Mientras tú vives de tu trabajo, otros también viven de tu trabajo. ¿Qué son estos pues? Y si encima los que viven de tu trabajo viven mejor que tú…, ¿podemos empezar a pensar que nos han colonizado desde dentro para provocarnos dolores cuando ellos quieran?

Señor serio, en memoria de otro señor serio y tonto

El conserje de este espacio nos trató mal, la verdad. Es el exterior de un museo privado de arte contemporáneo pero abierto al público, donde llegamos unos 15 minutos antes de abrir. Aquel señor vestido de “bonito” se creía el dueño de todo aquello y con un frío y aire de los de tumbar mientras un agua a velocidad de cierzo atacaba la cara, nos exigía estar en la “puta” carretera por donde se entraba al museo, en vez de acogernos al abrigo de un alero bajo un edificio de la fábrica para evitar el frío y el agua. Tuve que optar entre obedecerle o hacerme el idiota. De pequeño hice teatro.

Consejos para corruptos novatos que quieran aprender

Lo malo de ser corrupto es que te pillen. Los corrompidos tienden a oler a podrido, sobre todo por la avaricia. No existen corruptos que no sean avariciosos, que sepan medir hasta donde deben trincar, pues a estos, que son muchos, nunca los detectamos y por ello nunca aparecen como corruptos. 

Diríamos que los corruptos son los más tontos entre los que roban o hacen trampas, pues son los que se dejan pillar. Y no es fácil pillarlos, ojo, pues los primeros dineros que pillan los corruptos los emplean en los mejores asesores legales y fiscales. 

Otra forma de pillarlos es por las malas amistades. Los corruptos listos se dejan pillar si se rodean de corruptos tontos y bocazas. Así que otro consejo para los corruptos que empiezan es que elijan bien sus amistades, sobre todo si parecen vendedores de caballos viejos. Esos que siempre son simpáticos, fuman puros caros y te toman por el hombro, son los peores, se pegan como lapas y hablan más de lo que deben. Mienten incluso y se nota.

Y ya para finalizar el último consejo. No gastes más de lo que creen que debes gastar. Si los vecinos te pillan envidia y no les repartes premios con genorosidad, estás perdido. La envidia pica y mucho. Y a poco que vayas dejando migas de tus fechorías, siempre hay alguien que las recoge y se las entrega a los que te miran las pulgas, para joderte por la envidia que le das.